viernes, 24 de abril de 2009

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Problemas monetarios: retorno al patrón oro


Como ya conocemos, el sistema monetario anterior a la guerra tenía dos bases: el compromiso de los gobiernos de convertir las monedas en cantidades fijas de valor en oro y la libertad de los individuos de importar y exportar oro según su conveniencia. Asimismo, la guerra acabó con esta situación. Todos los países excepto EE.UU. y los neutrales vieron caer sus reservas en oro mientras aumentaba el dinero en circulación. De esta manera la moneda acabó siendo fiduciaria, no sólo porque los estados suspendieron la conversión de billetes en oro durante la guerra, sino también porque después de la guerra no disponían de oro suficiente para asegurar la convertibilidad de éstos. Por otro lado, el aumento de la cantidad de billetes en circulación provocó un aumento generalizado de los precios (inflación) y la consiguiente pérdida de valor de la moneda.

Aun así, la idea predominante después de la guerra era volver al sistema monetario basado en el patrón oro, considerado como el motor de la economía internacional y, por lo tanto, de la recuperación económica. Muchos países dirigieron grandes esfuerzos en la reorganización del sistema monetario, aunque esto acarrease la imposición de políticas deflacionistas, difíciles de combinar con las necesidades de reconstrucción y con una demanda deprimida durante la guerra, y todavía más difícil de llevar a cabo en un contexto marcado por la falta de solidaridad internacional.

De hecho, se estableció un sistema de cambios fluctuantes, es decir, de cotizaciones de las monedas en los mercados internacionales. Esto provocó fuertes movimientos especulativos, sin prácticamente intervención de los gobiernos ni de los bancos centrales. El comercio sufrió mucho a causa de la inestabilidad monetaria de estos años; la libra cayó un 75% en 1920; el franco un 36% y la lira italiana un 25%. La situación de los países vencidos era incluso peor: se produjo una gravísima hiperinflación en Austria, Hungría, Polonia, Rusia y, sobretodo, Alemania.

El desorden monetario tuvo diversas causas: el desconocimiento de la situación real de la moneda, la repentina retirada de crédito por parte de los EE.UU. a sus aliados y las reparaciones de guerra exigidas a los países vencidos. Otra causa de incerteza es que el retorno al patrón oro no se llevaba a cabo mediante un acuerdo internacional sino a partir de iniciativas independientes de los gobiernos y bancos centrales.

Este intento de regresar al anterior sistema monetario se planteó en la conferencia de Génova de 1922, convocada por Gran Bretaña y Francia. Se pretendía implicar a los EE.UU. aunque éstos no participaron. En esta conferencia se reconoció que el oro disponible era insuficiente para asegurar el funcionamiento del patrón oro en las condiciones de antes de la guerra y, por lo tanto, la circulación de oro sufrió una doble restricción: los billetes sólo eran convertibles en grandes cantidades (de manera que el oro quedaba reservado a las transacciones entre grandes bancos) y las reservas de los países secundarios podían estar formadas por oro o por divisas convertibles en oro. Esta reunión resultó poco eficaz.

Los caminos posibles para regresar al patrón oro eran dos: recuperar la equivalencia de oro de antes de la guerra o adecuar la nueva paridad a la realidad monetaria de cada país. De hecho, el patrón oro se inició en algunos países neutrales como Suecia y Holanda y por otros como Austria y Alemania. Seguidamente, se adoptó en Gran Bretaña en 1925 y en Francia al año siguiente. Esta etapa se caracterizó por estar presidida por políticas monetarias restrictivas para preservar el patrón oro. Asimismo, las circunstancias ya no eran las mismas, así se seguían políticas monetarias al margen de las “reglas del juego” del mismo. Las causas más importantes de este hecho son: la desaparición de la superioridad británica y con ella la compensación entre el superávit de la balanza de pagos y las inversiones británicas en el exterior; el cambio del centro financiero mundial que pasó de Londres a Nueva York; la gran concentración de oro, sobretodo, en los EE.UU. y Francia, los cuales prefirieron atesorarlo a dejar que el patrón oro funcionase, por lo tanto, el aumento del oro no se tradujo en un aumento de la circulación monetaria del mismo (que habría provocado el aumento de los precios interiores) ni tampoco en una revaluación de la moneda.
Estos gobiernos no quisieron actuar de acuerdo con la teoría del patrón oro para ahorrarse las dificultades que esto habría representado para sus exportaciones. Por otra parte, las equivalencias decretadas por muchos países no se ajustaban a sus condiciones económicas reales y, finalmente, el crecimiento de los sindicatos y la importancia de los partidos obreros no permitían continuar cargando los costes de dichos ajustes en los trabajadores (mediante la caída de los salarios reales o el aumento del desempleo). De esta manera, los gobiernos daban prioridad a solucionar por conflictos internos, cosa que los hacia actuar en contra de la nombradas “reglas del juego”.

En mi opinión, creo que el regreso al patrón oro fue un intento desesperado por parte de Europa para no perder su hegemonía y liderazgo en frente de los EE.UU. y para reanudar lo antes posible el comercio internacional. Igual que en esta época, una vez visto que el regreso al antiguo sistema monetario no era la mejor solución para aquella difícil situación y se prosiguió a un cambio de sistema, actualmente, según mi opinión, debemos hacer algo similar.

Hoy en día, ya todos somos conscientes que nuestro actual sistema monetario tiene fallos y que éstos son bastante graves, por lo tanto, es necesario una modificación o cambio igual que era necesario al finalizar la Primera Guerra Mundial. La ONU hizo un llamado a un nuevo sistema mundial de reservas, utilizando una mayor cantidad de divisas como parte de una reforma a largo plazo para construir un nuevo sistema monetario internacional. Este puede ser unos de los recursos que se proponen. Pero, tal y como expresa la hipótesis de mejora de los métodos de trabajo: “siempre hay un método mejor para hacer las cosas” y es necesario que sigamos trabajando en el tema, ya que ha afectado las economía de todo el mundo.

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