viernes, 1 de mayo de 2009

LA REVOLUCIÓ RUSA Y SU ORGANIZACIÓN ECONÓMICA
Inicialmente, es necesario hacer un breve resumen sobre el significado de esta revolución. Seguidamente, en este blog, me basare en la explicación de aquello ocurrido después del comunismo de guerra (la actuación de la NEP, el gran debate y el acceso de Stalin al poder y los efectos de los primeros planes quinquenales) de la forma más breve y entendible posible.




Ésta era una revolución popular con el fin de substituir el régimen zarista por uno inspirado en las ideas de Karl Marx, basadas en la igualdad económica y la desaparición de las clases y diferencias sociales.

La revolución triunfante se organizó primero en los soviets, comités populares de obreros y soldados, que fueron cayendo bajo el control del Partido Comunista, considerado como difusor de la opinión popular. El nuevo régimen adoptó el nombre de dictadura del proletariado, que expresaba el triunfo de la clase trabajadora y la eliminación de la clase burguesa y la aristocracia. Asimismo, en la práctica, como en todos los regímenes totalitarios, el sistema soviético significaba el predominio de las ideas del grupo dominante sobre las opiniones y los derechos de las personas. El cambio de régimen también se manifestó por el cambio de nombre: el Imperio Ruso pasó a ser el 1922 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La organización económica principal fue el socialismo colectivista, considerado como un paso intermedio hasta el comunismo. El colectivismo se basa en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, por lo tanto, la producción tenía que ser colectiva, igual que las decisiones. Seguidamente, las decisiones económicas pasaron a depender de los órganos estatales, encargados de la planificación centralizada.


LA NEP (surgió después del comunismo de guerra)
La NEP significó la vuelta a la economía de mercado en la agricultura, la industria de consumo y el comercio interior, a cambio de un control más estricto del Estado sobre los sectores claves como la minería, la industria pesada, el transporte y el comercio exterior.

Las pequeñas empresas fueron arrendadas a sus antiguos propietarios o a cooperativas de trabajadores. Asimismo, al final de 1922, la iniciativa privada ocupaba el 12% de la mano de obra y representaba el 5% del total de producción: la industria continuó en manos del Estado. Por lo tanto, el sector privado sólo destacó en el comercio y la agricultura. Concretamente, en el campo, el campesino podía disponer libremente de la tierra, aunque el Estado fijaba el precio de su producción y era necesario el pago de un impuesto en especie. En esta época, la agricultura se desarrolló más que la industria, así los campesinos preferían aumentar el consumo a vender su producción a los precios fijados ya que la industria no ofrecía suficiente bienes deseables o su precio era muy elevado. El punto máximo de esta disfunción, fue la crisis de las tijeras. Ésta se resolvió con una intervención directa del Estado, que rebajó los precios de los productos industriales y subió los precios agrícolas. Por estos motivos, el abastecimiento urbano dependía en gran medida de la reaparición de los kulaks (considerados hasta el momento como acaparadores), ya que generaban más excedente.

En cuanto a la política exterior, se gastó grandes cantidades de capital en la compra de locomotoras, maquinaria agrícola, materiales eléctricos, etc. para una rápida industrialización. Asimismo, no se consiguió la inversión de capitales, a causa de la negativa al reconocimiento de la deuda exterior zarista y a la devolución de las empresas extranjeras nacionalizadas.

Con todos estos elementos, la NEP se tiene que considerar como un éxito en la recuperación de la producción, que se encontraba en muy mala situación por la guerra, el boicot internacional y la nacionalización excesiva. Gracias a la NEP, el 1928 Rusia superaba los niveles de producción de antes de la guerra: la industria pesada sobrepasaba en un 20% la producción de 1913 y el PIB en un 11%. Pero a la vez, cabe destacar que la NEP también presentaba algunas limitaciones: la fuerte inversión industrial contrastaba con la escasa preocupación por la educación y la defensa; existían sectores básicos atrasados, como las máquinas herramienta; además representaba una traición a los ideales de la revolución.

Seguidamente, a estos problemas se les unió las complicaciones por la sucesión de Lenin: el gran debate. Éste fue ganado por Stalin, que aplicó de manera radical las ideas defendidas por su rival (Trotsky) las cuales se basaban en la existencia de una oposición de intereses entre la industria y la agricultura, es decir, para impulsar la industria, era necesario una acumulación de capital y de mano de obra que, inicialmente, sólo podía proceder de la agricultura a través del incremento de impuestos y de un cambio desigual entre los productos agrarios e industriales (vieja idea zarista).



Stalin consiguió centrar todo el poder en su cargo y establecer un régimen dictatorial, policiaco y brutal. Su política económica se basaba en la colectivización, considerada imprescindible para la industrialización, y en la planificación. La coacción generalizada provocó un rápido proceso de colectivización (llevada a cabo mediante los kolkhozos o cooperativas de producción, normalmente dirigidas por personas nombradas por el partido): en enero de 1030 el 21% de la superficie esta colectivizada y en marzo el 58%. Esto provocó un gran desorden, se eliminaron los campesinos más eficaces y la producción bajó y, en algunas regiones, existían importantes resistencias. Para mejorar esta situación, el Estado aportó asistencia técnicas gracias a parques de maquinaria y tractores, creados el 1929. De igual modo, aparecieron las sovkhozos o explotaciones agrarias estatales. Así, mientras se producía una rápida industrialización del país, el campo era el sector enfermo de la sociedad. También es necesario destacar el colapso en la producción ganadera por la disminución de las raciones alimentarias.

En referencia a la planificación, destacaron los Planes Quinquenales. El primero (1928-1932), pretendía obtener crédito del exterior y evitar las malas cosechas, supuestos que no se cumplieron. Su finalidad era aumentar la inversión y el consumo pero, de hecho, el consumo disminuyó. La inversión se repartió de la manera siguiente: la mitad destinada a la industria pesada, una cuarta parte a la agricultura, un 5% en el consumo y el resto en inversión social. Los objetivos fijados no se alcanzaron plenamente, pero levantaron grandes expectativas que permitieron tasas de crecimiento muy elevadas. En cuanto al segundo (1933-1937), añadió una preocupación por la educación técnica, el transporte y la propaganda. La distribución de la inversión fue similar a la del primer Plan. El crecimiento fue del 15% anual. Finalmente, el tercer Plan Quinquenal (1938-1942) se basó en la preocupación por la Segunda Guerra Mundial. Aumentó el gasto en defensa, transporte y en la obtención de metales. El crecimiento superó el 10% anual.



El régimen siempre mostró al dictador con una imagen que transmitía dulzura y proximidad a la gente, muy diferente de la realidad


Finalmente, cabe destacar que este crecimiento, combinado con la gran depresión de los años 30s, permitió a la URSS llegar a la Segunda Guerra Mundial como la tercera potencia mundial. Asimismo, es necesario destacar que este crecimiento tuvo un enorme coste social. De hecho, los bienes de consumo siempre fueron escasos. Según mi opinión, la Unión Soviética llevó a cabo una auténtica revolución industrial en un margen de diez años. Pero los resultados fueron desiguales: si en el sector industrial los objetivos de los planes quinquenales se cumplieron en un 90%, en la agricultura fueron muy deficientes. Por otra parte, la planificación provocó la aparición de un cuerpo de burócratas economicoindustriales subordinados directamente al dictador que subsistió después de su muerte, hecho que provocó que sus ideas y planes organizativos continuaran existiendo y que el proceso desestalinizador fuera largo y complejo. En último lugar, destacar el atraso agrario que se ha mantenido hasta nuestros días, agravado por la enorme corrupción de las clases altas y la falta de líderes políticos implicados en su mejora.

lunes, 27 de abril de 2009

Hoy, en clase de Historia económica mundial, hemos corregido unas preguntas propuestas por la profesora sobre la financiación de la guerra en los años 20s, las principales políticas monetarias para estabilizar la economía y la grave hiperinflación sufrida por Alemania al acabar la I Guerra Mundial. Como éstas me han resultado de gran interés y utilidad considero que serían de gran ayuda añadirlas en este blog. Para completarlo he añadido una breve opinión al final del texto.

1.- Efectos de la financiación de la guerra en la inestabilidad económica europea de los años 1920s.

La guerra se financió en todos los países mediante el aumento de impuestos, el endeudamiento del gobierno y el saqueo de los territorios ocupados. Dependiendo del país se recurrió más a uno u otro medio. De éstos, el más importante fue el endeudamiento del gobierno que se caracterizaba por la emisión de deuda pública (bonos de guerra), préstamos extranjeros (sólo entre países aliados) y los avances del Banco Central a través de la emisión de billetes, que significó un 80% del gasto total de la guerra. De esta manera, el coste directo fue equivalente a 6.5 veces la deuda nacional acumulada en el mundo desde finales del siglo XVIII. Así, en 1918 se produjo un aumento de la oferta monetaria (x9), del déficit presupuestario (x6) y una caída de las reservas metálicas.

Todos los estados suspendieron la convertibilidad de billetes en circulación ya que no la podían asegurar y paralizaron, así, el patrón oro (se utilizaba la moneda fiduciaria). El aumento de billetes en circulación y la restricción de la oferta de mercaderías tuvieron como efecto un aumento de la inflación, la depreciación de la moneda y la eliminación de las paridades fijas, efectos que se incrementan una vez acabada la guerra.

Por estas causas surgió una gran fluctuación de las cotizaciones de las monedas y amplios movimientos especulativos que representaron un obstáculo más para la recuperación económica y el comercio internacional. Además, los problemas se intensificaron con el fin de la cooperación financiera entre los países aliados, la demanda norte-americana del retorno del crédito, las reparaciones impuestas a los países vencidos y el aumento de la competencia por parte de las nuevas europas (EE.UU., Australia, Argentina, Oceanía, etc.).

2.- Principales políticas monetarias para estabilizar la economía.

Las principales políticas monetarias para estabilizar la economía fueron: la sobrevaloración de la moneda, la devaluación de ésta y la creación de una nueva, política llevada a cabo, principalmente, por los nuevos países que surgieron del desmembramiento de los grandes imperios y Alemania.

En primer lugar, es necesario destacar los países que siguieron el modelo inglés. Estos no dudaban de la necesidad del retorno al patrón oro, es decir, el sistema monetario prebélico. Para su consecución, era primordial evitar la devaluación de la libra, ya que en ese caso la economía británica caería en picado (existían importantes en enlaces parlamentarios situados en arriesgadas posiciones del mercado monetario). Por lo tanto, se adoptó por la sobrevaloración de ésta, medida que beneficiaba a la “city” pero desfavoreció de manera importante al factor trabajo y al ahorro nacional. Así, se creó una perjudicial espiral de desempleo, reducción del crédito, etc.

En segundo lugar, Francia adoptó un tipo de cambio inferior. Así, de devalúa su moneda, cosa que benefició a las exportaciones de manufacturas que eran la principal inversión directa francesa. Como ya sabemos, en esta época los principales clientes franceses eran europeos, los cuales no estaban pasando por su mejor momento económico, por lo tanto, lo precios de sus exportaciones debía de ir a la baja si pretendía continuar siendo un país competitivo. Se instauró una nueva moneda, el “Poincaré”, que llegó a tener un valor cinco veces inferior. Estas medidas, tuvieron efectos beneficiosos inmediatos.

Por otra parta, también es necesario mencionar que, en 1922, Francia junto con EUA eran poseedores del 60% del oro mundial. Asimismo, EUA, como poseedor mayoritario, no actuó como árbitro en el siglo XX (cosa que sí que hizo Gran Bretaña en el siglo XIX), sino que atesoró las reservas y no permitió su circulación como elemento de seguridad ante una nueva posible recesión. EUA aumentó la oferta monetaria en dólares con paridad fija en oro. Hecho que favoreció al comercio americano en el mundo y facilitó la utilización del dólar.

Finalmente, me gustaría señalar la falta de un banco central en esta época, no existía la Reserva Federal, por lo tanto, reinaba la falta de regulación monetaria, ya que EUA sólo protegía sus propios intereses.

3.- Cuándo se produce hiperinflación y por qué fue tan grave en Alemania.

En el caso de Alemania, existían dos escuelas que explicaban el proceso de hiperinflación producido después de la I Guerra Mundial: la primera argumentaba que fue causado por un déficit en la balanza de pagos y la segunda, por un déficit presupuestario.

Según la primera escuela, la hiperinflación se originó por la abundancia de marcos en el mercado como consecuencia del pago de las reparaciones y el déficit en la balanza comercial, hechos se agravaron por las malas perspectivas que las reparaciones imponían sobre la economía alemana y la consiguiente fuga de capitales. Esto desencadenó una espiral: la depreciación de la moneda encarecía las importaciones y incrementaba los precios interiores, esto hacía crecer el coste de los bienes y servicios adquiridos por el sector público, de manera que el gobierno se veía obligado a acudir al crédito del Banco Central en forma de emisión de billetes, con el consiguiente aumento de la masa monetaria, depreciación de esta, etc.

Según la segunda escuela, el déficit presupuestario se producía a causa de la falta de voluntad y consenso por parte de los propios alemanes para su equilibrio. El déficit era cubierto por préstamos del Banco Central mediante la emisión de billetes, hecho que generaba un nuevo círculo vicioso.



Concretamente, la falta de voluntad iba ligada con el problema de las reparaciones. Los partidos de izquierdas reclamaban impuestos sobre los bienes extraordinarios de guerra, sobre la renta y el patrimonio; en cambio, los de derechas pretendían que los obreros trabajasen dos horas más diarias.

Según una comisión internacional (en la que participaba Keynes) el presupuesto alemán sólo podía ser equilibrado si se prescindía de las reparaciones y se conseguía estabilizar los precios. La primera cosa era impensable por parte de Francia y Bélgica, que dependían de éstas para devolver el crédito efectuado con EUA.

Así, en frente del retardo en el pago de Alemania, en 1923, Francia ocupó la zona del Ruhr (para conseguir cobrar en especies), pero topó con una resistencia pasiva de las empresas alemanas. Seguidamente, el gobierno fijó una tasa del cambio del marco, ésta se mantuvo y la inflación cesó ya que el gobierno dejó de acudir al Banco Central en demanda de crédito. También favoreció a la caída del déficit el despido del 25% de los trabajadores que dependían del estado y una reducción del 30% del sueldo del resto.

El compromiso de mantener la tasa de cambio del marco se expresa mediante una nueva moneda, el rentenmark, que estaba garantizado con una hipoteca sobre la quinta parte del valor de la riqueza inmobiliaria. Además, los EUA llegaron a convencer a Gran Bretaña y a un grupo de países para dar un préstamo de 800 millones de dólares a Alemania para financiar esta moneda: el Plan Dawes. De esta manera, Alemania fue uno de los primeros países que volvieron al patrón oro, pero a costa de la liquidación de todo el ahorro anterior.






Según mi opinión, creo que la las grandes fluctuaciones de divisas durante la guerra se produjeron por las ansias que todos los países implicados en la guerra tenían para la finalización de ésta. De esta manera, incurrían en grandes déficits presupuestarios y enormes demandas de créditos al Banco Central. Ambos bandos, se creían ganadores antes del desarrollo de los hechos y este exceso de confianza hizo que, finalmente, se vieran obligados a arruinar sus economías.

Por otra parte, esto fue muy beneficioso para aquellos países alejados del conflicto como los EUA, Australia, Japón, que vieron incrementados sus beneficios en comparación con el resto de Europa (principal potencia mundial hasta el momento).

Finalmente, creo que es necesario destacar la falta de control llevada a cabo por los EUA con el liderazgo económico que tenía en esa época. Ésta fue la causa de los felices años 20, pero también de la terrible crisis de los años 30. Creo que hoy en día, aún no han aprendido a llevar una política económica segura ya que se están produciendo, actualmente, causas muy similares a las de entonces.


viernes, 24 de abril de 2009

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Problemas monetarios: retorno al patrón oro


Como ya conocemos, el sistema monetario anterior a la guerra tenía dos bases: el compromiso de los gobiernos de convertir las monedas en cantidades fijas de valor en oro y la libertad de los individuos de importar y exportar oro según su conveniencia. Asimismo, la guerra acabó con esta situación. Todos los países excepto EE.UU. y los neutrales vieron caer sus reservas en oro mientras aumentaba el dinero en circulación. De esta manera la moneda acabó siendo fiduciaria, no sólo porque los estados suspendieron la conversión de billetes en oro durante la guerra, sino también porque después de la guerra no disponían de oro suficiente para asegurar la convertibilidad de éstos. Por otro lado, el aumento de la cantidad de billetes en circulación provocó un aumento generalizado de los precios (inflación) y la consiguiente pérdida de valor de la moneda.

Aun así, la idea predominante después de la guerra era volver al sistema monetario basado en el patrón oro, considerado como el motor de la economía internacional y, por lo tanto, de la recuperación económica. Muchos países dirigieron grandes esfuerzos en la reorganización del sistema monetario, aunque esto acarrease la imposición de políticas deflacionistas, difíciles de combinar con las necesidades de reconstrucción y con una demanda deprimida durante la guerra, y todavía más difícil de llevar a cabo en un contexto marcado por la falta de solidaridad internacional.

De hecho, se estableció un sistema de cambios fluctuantes, es decir, de cotizaciones de las monedas en los mercados internacionales. Esto provocó fuertes movimientos especulativos, sin prácticamente intervención de los gobiernos ni de los bancos centrales. El comercio sufrió mucho a causa de la inestabilidad monetaria de estos años; la libra cayó un 75% en 1920; el franco un 36% y la lira italiana un 25%. La situación de los países vencidos era incluso peor: se produjo una gravísima hiperinflación en Austria, Hungría, Polonia, Rusia y, sobretodo, Alemania.

El desorden monetario tuvo diversas causas: el desconocimiento de la situación real de la moneda, la repentina retirada de crédito por parte de los EE.UU. a sus aliados y las reparaciones de guerra exigidas a los países vencidos. Otra causa de incerteza es que el retorno al patrón oro no se llevaba a cabo mediante un acuerdo internacional sino a partir de iniciativas independientes de los gobiernos y bancos centrales.

Este intento de regresar al anterior sistema monetario se planteó en la conferencia de Génova de 1922, convocada por Gran Bretaña y Francia. Se pretendía implicar a los EE.UU. aunque éstos no participaron. En esta conferencia se reconoció que el oro disponible era insuficiente para asegurar el funcionamiento del patrón oro en las condiciones de antes de la guerra y, por lo tanto, la circulación de oro sufrió una doble restricción: los billetes sólo eran convertibles en grandes cantidades (de manera que el oro quedaba reservado a las transacciones entre grandes bancos) y las reservas de los países secundarios podían estar formadas por oro o por divisas convertibles en oro. Esta reunión resultó poco eficaz.

Los caminos posibles para regresar al patrón oro eran dos: recuperar la equivalencia de oro de antes de la guerra o adecuar la nueva paridad a la realidad monetaria de cada país. De hecho, el patrón oro se inició en algunos países neutrales como Suecia y Holanda y por otros como Austria y Alemania. Seguidamente, se adoptó en Gran Bretaña en 1925 y en Francia al año siguiente. Esta etapa se caracterizó por estar presidida por políticas monetarias restrictivas para preservar el patrón oro. Asimismo, las circunstancias ya no eran las mismas, así se seguían políticas monetarias al margen de las “reglas del juego” del mismo. Las causas más importantes de este hecho son: la desaparición de la superioridad británica y con ella la compensación entre el superávit de la balanza de pagos y las inversiones británicas en el exterior; el cambio del centro financiero mundial que pasó de Londres a Nueva York; la gran concentración de oro, sobretodo, en los EE.UU. y Francia, los cuales prefirieron atesorarlo a dejar que el patrón oro funcionase, por lo tanto, el aumento del oro no se tradujo en un aumento de la circulación monetaria del mismo (que habría provocado el aumento de los precios interiores) ni tampoco en una revaluación de la moneda.
Estos gobiernos no quisieron actuar de acuerdo con la teoría del patrón oro para ahorrarse las dificultades que esto habría representado para sus exportaciones. Por otra parte, las equivalencias decretadas por muchos países no se ajustaban a sus condiciones económicas reales y, finalmente, el crecimiento de los sindicatos y la importancia de los partidos obreros no permitían continuar cargando los costes de dichos ajustes en los trabajadores (mediante la caída de los salarios reales o el aumento del desempleo). De esta manera, los gobiernos daban prioridad a solucionar por conflictos internos, cosa que los hacia actuar en contra de la nombradas “reglas del juego”.

En mi opinión, creo que el regreso al patrón oro fue un intento desesperado por parte de Europa para no perder su hegemonía y liderazgo en frente de los EE.UU. y para reanudar lo antes posible el comercio internacional. Igual que en esta época, una vez visto que el regreso al antiguo sistema monetario no era la mejor solución para aquella difícil situación y se prosiguió a un cambio de sistema, actualmente, según mi opinión, debemos hacer algo similar.

Hoy en día, ya todos somos conscientes que nuestro actual sistema monetario tiene fallos y que éstos son bastante graves, por lo tanto, es necesario una modificación o cambio igual que era necesario al finalizar la Primera Guerra Mundial. La ONU hizo un llamado a un nuevo sistema mundial de reservas, utilizando una mayor cantidad de divisas como parte de una reforma a largo plazo para construir un nuevo sistema monetario internacional. Este puede ser unos de los recursos que se proponen. Pero, tal y como expresa la hipótesis de mejora de los métodos de trabajo: “siempre hay un método mejor para hacer las cosas” y es necesario que sigamos trabajando en el tema, ya que ha afectado las economía de todo el mundo.

sábado, 18 de abril de 2009

“PATRÓN ORO”
Durante esta semana de clase hemos comentado la importancia de “El patrón oro” sin el cual no habría sido posible el fuerte incremento de la actividad económica y el crecimiento de los intercambios, tanto nacionales como internacionales, durante el siglo XIX.

Primeramente, explicaremos la diferencia entre moneda de cuenta y moneda efectiva, que al mismo tiempo puede ser real o fiduciaria. En cuanto a la primera, indica una unidad de valor, sin contrapartida física, se usa en la contabilidad, en contratos o en comparaciones. Por otra parte, la moneda efectiva es la que tiene contrapartida física (pieza de metal, papel moneda, etc.). Asimismo, la moneda fiduciaria se acepta por un valor superior a su valor material, dependiendo de la confianza que exista sobre ésta, se extendió a partir de la Revolución Industrial y se regulará con el dinero depositado en los Bancos Centrales; en cambio, la moneda real contiene el valor de representa.

La moneda se organiza en un sistema monetario que puede ser monometálico o bimetálico, dependiendo de la cantidad de patrones metálicos que tiene. En esta época la cantidad de moneda era limitada (cuello de botella para financiar el comercio internacional), de manera que era necesario un nuevo sistema. Así, en el siglo XIX, Inglaterra tuvo la oportunidad de crear el patrón oro, que se basó en un estudio de Isaac Newton. Éste era beneficioso para aquellos países desarrollados y poseedores de minas para la obtención de abundantes reservas. Así, es necesario destacar que éste fue el motivo del Imperialismo (búsqueda de territorios con minas de oro y plata).


Dicho sistema proporcionaba estabilidad de precios y de tipos de cambio. Esto tenía una serie de ventajas, como la reducción de la incertidumbre a nivel macroeconómico, reducción de los gastos de contabilidad, etc; y una serie de desventajas destacables en época de crisis, como la imposibilidad de libre emisión de divisas, mayor rigidez a la hora de cambiar las partidas de gastos, etc.

David Hume, dijo que los países con este sistema monetario se autorregulaban, ya que aquellos que tuvieran una balanza comercial negativa tendrían un déficit en oro y en oferta monetaria, por lo tanto caerían sus precios y volverían a ser competitivos; en cambio, aquellos países con una balanza comercial positiva, tendrían un superávit en oro, por lo tanto, se incrementarían sus precios y perderían competitividad. El ajuste pasaría por el tipo de interés, así la pérdida de reservas de oro en un país obligaría al Banco Central a aumentar el tipo de interés encareciendo y reduciendo el crédito a sus clientes. Lo contrario pasaría en un país exportador, es decir, con entradas de reservas.

Aunque en la realidad los niveles de precios internacionales mantuvieron una importante sincronía en sus movimientos. Tendían a seguir al Banco Central de Inglaterra. El patrón oro y toda la mística que le rodeaba dependía de libra y de la balanza de pago y el dominio Británico.

Finalmente, con la Primera Guerra Mundial, se produjo una total falta de coordinación (no se pudo garantizar la plena convertibilidad, una fijación oficial y la plena libertad de actuación). Además, se produjo un aumento de las políticas sociales y del derecho a voto, que redujo la preocupación por el equilibrio exterior y provocó la desaparición de dicho sistema monetario.

Según mi opinión, esta falta de coordinación que se produjo en el siglo XIX se ha vuelto a producir creando la nombrada crisis financiera que estamos padeciendo todo el mundo en la actualidad. Siempre tenemos que valorar si un sistema monetario es beneficioso o no y saber cambiar o modificarlo cuando se produzcan errores o desequilibrios que no favorecen al conjunto de la sociedad. Así, es necesario destacar que el sistema mundial se basa en la economía estadounidense (como en el siglo XIX en la Británica) y que en el momento que ésta hizo fallida, todo el mundo se vio involucrado ya que no se habían tomado las medidas de seguridad pertinentes. Con esto último me refiero a que los intercambios financieros han cambiado, ya no sólo es importante la actuación de los Bancos Centrales, si no que los movimiento del sistema financiero en la sombra son muy importantes si de debían de haber establecido medidas de control necesarias para su correcta coordinación y, de esta manera, evitar la crisis.

sábado, 11 de abril de 2009

SURGIMIENTO DE UNA ECONOMÍA INTERNACIONAL
Una vez superado el cuello de botella del transporte, el aumento de los intercambios comerciales superó el aumento de la producción: mientras que el PIB mundial era de 2,5% anual, el comercio internacional incrementó entorno al 4%. La gran emigración europea significa el mayor movimiento de población de toda la historia de la humanidad. En conjunto, la integración de los mercados comporta la extensión del capitalismo a nivel mundial y el dominio del mundo por parte de los países capitalistas. Este proceso tuvo como resultado un aumento del valor añadido a los bienes industriales y la liquidación de las manufacturas tradicionales.

El crecimiento del comercio es consecuencia y factor del desarrollo técnico y económico que representa la Revolución Industrial. Consecuencia porque el desarrollo provoca la especialización, tanto sectorial como personal y geográfica, y porque en una economía especializada es necesario el intercambio. Además, capas importantes de la sociedad disponen de rentas más elevadas y los precios de los productos más bajos. Por otra parte, la industrialización pone a disposición del comercio medios de transporte más baratos y eficaces, que amplían las áreas de mercado. También permite una mejor asignación de los recursos económicos y facilita la creación de economías de escala.

Se pueden distinguir cuatro etapas según la difusión de la industrialización y la política económica impuesta por los diversos gobiernos. Primeramente, de 1815 a 1847, se produjo una expansión moderada, debido a la recuperación de la etapa de guerras y a la difusión de productos y maquinaria de la Revolución Industrial, incluyendo las mejoras en transportes, y una política económica proteccionista, siguiendo la tradición mercantilista.

Seguidamente, entre 1847 y 1868, se produjo un crecimiento superior al 5% anual a causa de la demanda de materias primas industriales y a la oferta de productos manufacturados. También influyó la división internacional del trabajo, la construcción de líneas ferroviarias y la disponibilidad de moneda. Este impulso comercial se vio favorecido por la adopción del librecambio en Gran Bretaña. Aunque el momento álgido se produjo en 1860 con el tratado de Cobden-Chevalier en Francia y Gran Bretaña y la nombrada cláusula de nación más favorecida, por la cual un país concedía a otro una rebaja automática de los aranceles pactados si un tercero obtenía una tarifa más baja (afectaba a toda Europa, excepto Rusia y los Balcanes). La imposición del librecambio no fue fácil ya que existía una fuerte resistencia de los grupos favorecidos por el proteccionismo, además se perdía el derecho de aduanas

En tercer lugar, de 1868 a 1896, se produjo una tasa de crecimiento más baja a causa de la maduración de las industrias tradicionales, el fin del impulso del ferrocarril, las dificultades de los países monoexportadores primarios a causa de la entrada de grano procedente de ultramar, la depresión económica (iniciada con la caída de la bolsa de Viena el 1873 que contagió el resto de bolsas ya que las numerosas inversiones en el ferrocarril no eran siempre rentables) y el retorno a la política proteccionista. Para salir de la crisis se intentó la defensa de la producción y el progreso técnico. Este proteccionismo afectaba a la producción agraria y industrial y era, también, mucho más selectivo (tanto por los productos a los que afectaba como por el favoritismo a ciertos países mediante tratados bilaterales). Se llegó a nombrar nacionalismo económico.

Al mismo tiempo, las grandes empresas se organizaban a escala internacional (mediante filiares) con la finalidad de salvar los obstáculos que representaba esta situación y para mantener los beneficios. Las empresas fundadas por Nobel (dinamita) o las de sosa Solvay son un claro ejemplo.

La cuarta fase se puede distinguir a partir de 1896. En cuanto a Europa, en esta etapa se observa una recuperación del crecimiento del comercio internacional, gracias a la recuperación de las rentas agrarias y la difusión de nuevos productos de la Segunda Revolución Tecnológica. También es necesario mencionar el buen funcionamiento del sistema de pagos internacional, la mejora en las comunicaciones (telégrafo), y la expansión colonial. En estas condiciones, aunque las políticas económicas se mantenían proteccionistas, no significaron un obstáculo para los intercambios comerciales. En referencia a EE.UU. inicialmente, mantuvo una política fuertemente proteccionista, hasta 1833; una cierta obertura hasta 1861; seguida de un proteccionismo hasta la Primera Guerra Mundial, momento en el cual forzó la obertura de Japón (con unos aranceles máximos del 5%) mientras que los propios EE.UU. tenían el suyo alrededor del 20%.

MOVIMIENTO DE LA POBLACIÓN A CAUSA DEL AUMENTO DEL COMERCIO INTERNACIONAL
En esta época se produjo, como ya hemos explicado, un aumento de las transacciones comerciales internacionales. Esto conllevó al traslado de un enorme número de personas (44 millones), proceso acelerado a finales del siglo XIX.

Las principales zonas de origen eran: Reino Unido (36%), Italia (18%) y Alemania, Áutria-Hungría y la Península Ibérica (10%). En cambio, los principales destino eran: EE.UU. (60%) y Argentina, Canadá y Nueva Zelanda (10%). Por otra parte, también se produjo una emigración africana forzada, a pesar de la prohibición del comercio de esclavos. Éstos estaban destinados, principalmente, a EE.UU. y la colonias Españolas (Caribe y Puerto Rico) y Brasil. Finalmente, es necesario destacar la importante emigración asiática, especialmente chino, indios y japoneses, hacia los países del Índico y el Pacífico, aunque también hacia el Caribe y Brasil.

CAUSAS DE LA EMIGRACIÓN
Las causas pudieron ser: políticas, procesos de nacionalización, formación de nuevos estados; religiosas, corrientes protestantes (especialmente Gran Bretaña), la marcha judía (centro y este de Europa); y económicas, desempleo agrario e industrial y bajos niveles de salario y de vida en los países de origen y acceso a la propiedad de la tierra y mejora en transportes y comunicaciones favorable a los países de destino.

CONSECUENCIAS DE LA EMIGRACIÓN
Existieron dos tipos de consecuencias: sociales, como la menor presión demográfica y la rotura de los lazos familiares y comunitarios, cosa que provocó que los EE.UU. sean actualmente unos de los países con más “clubs” y asociaciones sociales del mundo; y económicas, es decir, aumento de la inversión de capitales en los países de destino, aumento de los salarios por cápita de los países de origen, ante el hecho de haber menos mano de obra joven y cualificada; en cambio, los salarios no especializados en origen se estancaron. Esto causó quejas y revueltas contras los últimos llegados y los grupos étnicos, que estaban dispuestos a trabajar con sueldos más bajos, que acabaron con la prohibición de la emigración sobretodo asiática, tanto en los EE.UU. cono en Australia (incluso en Australia los chinos estuvieron apartados de la búsqueda de oro mediante un fuerte impuesto discriminatorio).

Dentro de este punto, también es necesario mencionar la situación de las mujeres. Muchas mujeres británicas emigraron de su país a causa de la escasa protección hacia su persona: estaban sometidas al padre o marido, no podían heredar a menos que fuera un legado específico, etc. Por estas razones, muchas vieron en la emigración una solución óptima para su situación.

viernes, 3 de abril de 2009

En el segundo ciclo de la difusión de la industrialización, podemos encontrar a países como Holanda y Escandinavia, Italia y España y, en la periferia este, Rusia y Japón. En esta publicación, me centraré, principalmente en Italia y España, mencionando igualmente algunas semejanzas comunes en todos ellos.

CARACTERÍSTICAS COMUNES
1.- Tardía adopción (en algunos no se completó hasta 1870) y escasas transformaciones estructurales.
2.- Localización periférica
3.- Explotación agraria tradicional de bajos rendimientos (excluyendo a Holanda y Dinamarca que destacaban por la agricultura y la ganadería).
4.- Todos estos países tuvieron un desarrollo ligado a la dimensión internacional del trabajo hasta 1860. Período en el cual existía una inversión prioritaria en el ferrocarril y en una política comercial librecambista. A partir de 1860 se produjo un progresivo abandono librecambista

ITALIA Y ESPAÑA
En cuanto a la existencia de recursos:

Primeramente, es necesario mencionar la diferencia en la dotación energética (carbón y electricidad).

En el caso de España, este país tenía poco carbón (sólo en Asturias), mal situado y mal comunicado. El 85% del carbón que se utilizaba en Catalunya, Valencia y el País Vasco (zonas más industrializadas) provenía de Newcastle y Cardiff. En el caso de Italia, su carbón estaba situado en una pequeña zona poco explotada. De manera que utilizó la energía eléctrica gracias a los grandes lagos de los Alpes.

Segundamente, la dotación de materias primas demandadas en mercados exteriores y el problema de la tasa de intercambio.

En el caso de España, era exportadora de la mitad del vino de calidad del siglo XIX. Procedía del triangulo formado por Jerez (Sherry), Santa María y S.B. Alborizas. Este vino era demandado por mayoristas británicos. Pero el 1880 se extendió la plaga de la filoxera que destruyó todas las viñas y hundió las exportaciones vinícolas (facilitando, de este modo, el aumento de las exportaciones francesas). Finalmente, se plantaron nuevas viñas resistentes a la plaga y se solucionó la situación, aunque causó un gran malestar entre el campesinado.

Continuando con la dotación de recursos, también es necesario comentar las exportaciones de cobre, procedentes de “Riotinto” (Huelva). Este material no era explotado por empresas españolas a causa de la escasez de empresarios españoles. Además, los países de destino no pagaban ningún canon al gobierno por el derecho a la explotación ya que estaba atado por un enorme endeudamiento (no podían pagar los intereses de las deudas, así arrendaban sus recursos naturales).

En tercer lugar, la inversión de capital extranjero fue muy importante en la construcción de la red ferroviaria y en la minería dedicada a la exportación.

En referencia al tipo de mercado, se puede describir como pequeño o regional y poco profundo (reducida renta por cápita). Asimismo, hubo una escasa conquista de mercados exteriores (aunque sí es cierto que Italia inició una decidida política colonial por Libia, Somalia y Abisinia pero comportó grandes costes y pocos resultados). También cabe destacar el reducido esfuerzo de internacionalización de algunas PYMES de ambos países.

En referencia al mercado institucional, se puede destacar un sistema educativo y una tradición industrial distantes del primer círculo de difusión (tanto en idiomas, educación técnica y científica).En el caso de España, no se instauró la Enseñanza Secundaria Obligatoria (E.S.O) hasta 1930 y el analfabetismo femenino superaba el 60%. En cambio, en Suecia, el 80% de la población, tanto hombres como mujeres, estaba alfabetizada. En cambio, en Italia, existían diferencias regionales. En el centro/norte del país, el porcentaje de alfabetización era semejante al de Suecia; y en el sur, ese porcentaje aumentaba considerablemente a causa de la mafia.
Por otra parte, se llevó a cabo una política proteccionista y, incluso, nacionalista (principalmente en Italia) que favoreció a algunas regiones y sectores (siderurgia vasca, industria metalmecánica en el norte de Italia, agricultura del cereal castellana, el sector textil algodonero, etc.). En los años posteriores, fue muy difícil liberarse del proteccionismo a causa del caciquismo o control de diputados y senadores de los líderes locales y municipales.

Al final de este periodo, se produjo una importante crisis económica que provocó un gran malestar social ya que se sumó la liquidación de la protoindustrialización, el incremento de la presión fiscal y la crisis bancaria de 1888. Seguidamente, se produjo una ola de emigración hacia los EE.UU. (en algunos años superior al 2% de la población).

A partir de 1890 se produjo una diversificación industrial, inversiones extranjeras (sobretodo alemanas), una difusión en algunas regiones de algunas ramas de la Segunda Revolución Tecnológica. En el caso de Italia, destacó la electrificación, el sector textil, especialmente el algodonero, y la maquinaria. Asimismo, este crecimiento tardío y disperso no consiguió una industrialización suficiente. En ambos países continuaron teniendo una economía dual, con riendas y tasas de crecimiento muy diferentes entre el norte industrializado y el sur agrario y atrasado, diferencias que todavía se arrastran.

jueves, 26 de marzo de 2009


Continuando con el primer ciclo de difusión de la Revolución Industrial encontramos a Francia, Alemania, EE.UU., Bélgica y Suiza (teniendo en cuenta a Gran Bretaña comentada anteriormente) y me centraré en los EE.UU. Bélgica y Suiza ya que me han llamado la atención por su desarrollo industrial y su enorme diferencia en cuanto al territorio.

EE.UU.: SER GRANDE AYUDA A CRECER
Al tiempo que Gran Bretaña iniciaba su industrialización, las colonias de América del Norte se declaraban independientes (1776). A partir de entonces, tuvieron un crecimiento fabuloso, hasta llegar a convertirse en la primera potencia económica mundial a finales del siglo XIX.

De las características generales de su crecimiento se pueden destacar su población, su crecimiento económico y la expansión progresiva de su territorio mediante la compra o militarmente (proceso completado en 1848). En cuanto al primero, se puede destacar un fuerte crecimiento vegetativo, posible por la disponibilidad de tierras, una gran inmigración procedente de Europa, la importación de esclavos africanos y semiesclavos orientales. Aunque, como contrapartida, desapareció la mayor parte de población autóctona. En cuanto al segundo, la adopción de cultivos y procesos industriales europeos (en especial de la siderurgia y de los sectores punta de la Segunda Revolución Tecnológica), un nivel de vida y, por lo tanto, una capacidad de compra elevados, disponibilidad de recursos naturales y un mercado con gran capacidad de crecimiento, que estimulaba la inversión y permitía economías de escala.

Asimismo, es necesario comentar el uso despreocupado y, en algunos casos, abusivo, de los factores abundantes (tierra y materia primeras) a cambio del ahorro de factores escasos (capital y trabajo).

ETAPAS DEL CRECIMIENTO
De 1770 a 1860.
Inicialmente, es necesario destacar la diferenciación por áreas: primeramente, el norte, se basaba en la explotación granjera y en la transformación de productos primarios; el sur, en plantaciones con mano de obra esclava; y, en el centro, nos encontrábamos una ganadería extensiva.

Por otra parte, nos encontramos avances en infraestructuras logrados por la navegación a vapor, canales (canal del Eire que comunicaba la zona de los grandes lagos con el puerto de Nueva York) y el ferrocarril (construido inicialmente por empresas privadas, seguidamente, el Estado concedió territorios próximos a la red).

Cabe mencionar que la economía estadounidense, en esta época, se basaba en el algodón: pasó del 0.4% de la producción mundial en el siglo XVIII a dos terceras partes en 1860. Esto provocó una reducción de costes de la producción. Además se inventó la desmotadora mecánica (hilado mecánico) y se equilibró la balanza de pagos e la integración del mercado interior.

En esta etapa, aunque se basó en el sector primario, también se produjo una cierta industrialización gracias a la utilización de la energía hidráulica, la aparición de las piezas estándar (máquinas de fuego) y las máquinas herramienta (taladro, fresadora, etc.)

De 1860 a 1914
Se produjo una aceleración del crecimiento respecto a Europa: el PIB en 1913 era igual a la suma de tres países europeos desarrollados y la exportación de carbón, hierro y acero era alcanzó el 40% mundial. También se produjo una intensiva ocupación del oeste a causa de la fiebre del oro (Gold Rush 1950). Aunque, el crecimiento era principalmente industrial, la agricultura era extensiva, con gran aportación de tierra y capital y ahorro de trabajo. Se caracterizó por su fácil y barato acceso a la propiedad de la tierra y la especialización tanto agrícola como ganadera. Creció mucho la exportación de cereales, aumentó en número de granjas (de 2 a 6millones en la segunda mitad del siglo XIX) y su mecanización.

Por otra parte, en cuanto al sector industrial, es necesario mencionar la aportación de capital propio y europeo, los recursos mineros como el oro, la plata, el zinc, el plomo, el petróleo, el carbón-hierro y el cobre, el abaratamiento de los costes vía inversión en tecnología y la difusión de máquinas como la bomba de extracción, la máquina de escribir, de coser, el automóvil y la electricidad. El acero, el petróleo, la electricidad y el automóvil eran los sectores punta.

Finalmente, es necesario mencionar la fisonomía de las empresas. Éstas eran de gran tamaño y gran escala, concentraban casi el 50% de la población, tenían mucha autonomía y existía una fuerte tendencia a la concentración horizontal y vertical. Des del punto de vista de la organización, destacó el taylorismo (división de la producción en movimientos cortos y veloces en cadena).

Con todo ello, podemos observar que la obtención de créditos para comprar maquinaria, ampliar el mercado, etc. se convirtió en un claro agravante de la crisis financiera de 1929 (ya que a final del siglo XIX Europa adoptó medidas proteccionistas para evitar la entrada de productos americanos y rusos). Asimismo, todos los precios tendían a ir a la baja porque la productividad era elevada (se producían stocks) y existían sectores que tendían al monopolio. Por otra parte, aumentó la erosión de los suelos del centro y norte del país (tormentas de arena y actuales zonas desiertas como el cañón del colorado)

BÉLGICA Y SUIZA: SER PEQUEÑO NO ES UN PROBLEMA

Bélgica

En 1913 Bélgica y Suiza eran los primeros exportadores mundiales en términos por cápita. Ambas agriculturas eran comparativamente prósperas y se encontraban en importantes cruces de caminos en la zona continental de más rápida industrialización. Por esta razón, sus economías dependían básicamente del comercio exterior y la innovación técnica. Disponían además de factores de producción baratos. En cuanto a Bélgica, el capital provino de la protoindustrialización y de la inversión holandesa; en cambio, Suiza se benefició de la importación de los soldados mercenarios y del ahorro que representaba la escasa presión fiscal.

Primeramente, Bélgica fue un fiel seguidor de la industrialización británica, hecho posible gracias a la abundancia de carbón y hierro que permitió un importante uso de la máquina de vapor en la industria textil que, a su vez, impulsó el desarrollo de la siderurgia. La mecanización del textil pasó del algodón al lino: en el siglo XIX, su exportación sólo era superada por la de acero y maquinaria ferroviaria. Por otra parte, también jugó un papel muy importante las acertadas decisiones del gobierno. Aún así, se vio fuertemente afectada por la crisis de 1873, pero la adopción del procedimiento Gilchrist-Thomas reanimó la producción del acero. De esta manera, a finales de siglo, Bélgica exportaba la mitad de su producción y el acero era el principal producto exportado.

Actualmente, Bélgica se caracteriza por ser uno de los miembros fundadores de la Unión Europea cuyas instituciones principales son hospedadas por el país, así como muchas otras organizaciones internacionales, como la OTAN.



En cuanto a Suiza, se caracterizó por la escasez de materias primas. Por esta razón, su industrialización se lleva a cabo sin siderurgia. Se basó en la transformación de la protoindustrialización en productos como los relojes, los tejidos de seda y los bordados. Todos ellos productos poco voluminosos, caros y con gran valor añadido ya que requieren habilidades específicas y una fuerte especialización. Por estas razones, en Suiza se inició su modernización en la gestión y comercialización antes que en la producción.

También se introdujo nueva maquinaria como el telar Jacquard (1815) y nuevas técnicas como el hilado del algodón: la mecanización se produjo utilizando la energía hidráulica, que provocaba una dispersión en fábricas pequeñas, de manera que la concentración empresarial era mayor que la fabril.

A pesar de la falta de siderurgia, la demanda de maquinaria textil provocó la aparición de fabricantes, que se fueron trasladando su producción hacia la máquina de vapor que fue posible gracias a las escuelas politécnicas.

En referencia a su producción, los relojes tuvieron su paso decisivo en la adopción de maquinas herramienta y la producción de piezas estándar, hecho que provocó una bajada de su precio. Su producción alcanzo los 7,3 millones en 1901. En ese momento, se distinguió entre relojes de lujo y, por otra parte, relojes más baratos. La electricidad, producida gracias a su terreno montañoso, aportó el desarrollo de la industria química y múltiples sectores como: los tintes, productos farmacéuticos y la transformación de alimentos.

Por todos estos motivos, cabe destacar que el tamaño de Suiza se configuró como una ventaja ya que figuró entre los primeros exportadores a nivel mundial en términos por capita, facilitó la especialización y la forzó al comercio exterior, hecho que acabó siendo muy beneficioso. Así, podemos observar que, actualmente, es uno de los países más desarrollados y especializados en los productos punta de esta época y que representa un importante ahorro por la escasa presión fiscal como ya se producía en esta época.

Suiza